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Entrevista a Adrià Arbués Sangüesa

Adrià Arbués Sangüesa es un joven ingeniero y entrenador catalán diseña un modelo de inteligencia artificial para detectar sistemas ofensivos

 

1. ¿Qué es para ti el ordenador, la inteligencia artificial y el baloncesto al que te dedicas?

 

El campo al que me dedico es el que mezcla la visión por ordenador, la inteligencia artificial y el deporte, en concreto, el baloncesto. A grandes rasgos, el objetivo de este campo es que un ordenador pueda ver y entender el baloncesto como lo hace un entrenador profesional; evidentemente, el fin no es sustituir a los entrenadores, sino dotarlos de los mayores recursos posibles para mejorar las estrategias y el rendimiento del equipo.

 

2. ¿Cuál fue tu motivación para dedicarte a ello?

Desde pequeño he sido un apasionado al baloncesto; antes de empezar mi no-exitosa carrera como jugador (a los 12 años) ya era un freak de las estadísticas de los jugadores, y veía partidos enteros. Como jugador disfruté un montón, y no me movía del todo mal en la cancha, pero en todo momento supe que mi sitio no era en la línea de tiros libres con un balón en la mano. De este modo, a los 16 años me hice entrenador, y vi que es una tarea muy anticuada desde un punto de vista tecnológico. En ese momento vi una oportunidad no explotada en el campo de la investigación, y aquí sigo 7 años más tarde.

También me “anti-motivaron” los proyectos que me ofrecían en el instituto, no quería hacer la maqueta de un puente sensorial ni una casa sostenible, así que me busqué la vida.

3. ¿Cómo surgió tu idea de la aplicación de básquet?

Mis inventos del TBO baloncestísticos empezaron con mi proyecto de investigación de bachiller, cuando creé la primera app de una pizarra de baloncesto digital; luego llegaron dos algoritmos de visión por ordenador que diseñé como proyecto de fin de grado, que detectaban (mediante cámaras) dos infracciones comunes en el mundo del baloncesto: tapones ilegales y tiros fuera de tiempo. Finalmente, este año, como proyecto de fin de máster, he entrenado un modelo de inteligencia artificial que, mediante el uso de sensores, ayuda a detectar qué jugada se está realizando en cancha. Todas las ideas surgieron con el papel de “Adrià-entrenador”, visualizando carencias en aspectos concretos de este trabajo.

4. ¿Qué premios has ganado?

He ganado varios entre los tres mencionados proyectos. Con la pizarra llegué a presentar el proyecto en la feria de ciencia y tecnología joven más importante del mundo: Intel Isef (Pittsburgh, 2012); fue espectacular, nos trataban como si fuéramos estrellas del rock. Obtuve dicha oportunidad gracias a un premio recibido en la feria Exporecerca Jove; tan agradecido estaba que a día de hoy soy el coordinador oficial de la asociación. També gané el “Premi de Recerca Jove”, otorgado por la Generalitat de Catalunya. Más recientemente, he obtenido un par de premios con el proyecto de inteligencia artificial: el segundo premio al mejor pitch de potenciales start-ups universitarias en el Bizbarcelona y el premio de “Tecnología Disruptiva” en el programa YUZZ de la Universitat Pompeu Fabra.

5. ¿Qué cualidades debe tener una persona que se dedique a tu sector?

Ser muy pesado y confiar en sí mismo. Como he mencionado, es un campo sin apenas contribuciones, así que debes creer que tu idea puede funcionar y llevarla a cabo desde cero, sin posibilidad de basarte en el state-of-the-art. Y evidentemente, te tiene que gustar muchísimo el baloncesto para no terminar quemado. Como anécdota y ejemplificar qué quiere decir “estar quemado”, debo contar que estuve trabajando para la Universidad de Aalborg en un proyecto sobre la detección de enfermedades en el tejido de pollos mediante cámaras; me pasaba día y noche viendo fotos de dichos animales, y ahora, como era de esperar, apenas como pollo. El paralelismo con el baloncesto es evidentemente, si no puedes asumir una filosofía de ball-is-life, es un riesgo muy grande trabajar en este campo

6. ¿Alguna vez has sentido que sacrificabas algo por tu iniciativa profesional?

Creo que se puede compaginar todo si realmente se quiere, así que nunca diría que he “sacrificado” nada. Dejé de jugar a baloncesto hace un par de años, pero eso fue algo más darwiniano: el nivel físico que requería seguir jugando con mi 1.79 implicaba horas de gimnasio y tener un compromiso 100% con el club, así que no lo pude asumir. Lo único que ahora veo que “sacrifiqué” fue la música (tocaba el bajo eléctrico y el piano), pero en su momento no me dio lástima; supongo que pensaba que era como ir en bicicleta y no me iba a olvidar nunca de cómo tocar.

7. ¿Has tenido apoyo de un mentor, asociación, fundación… que quieras destacar?

Ha habido muchas personas que me han ayudado de algún modo u otro, desde mis tutores (Raul Benítez, Thomas Moeslund y Chris Homberg) hasta empresas que me han echado un cable. Por ejemplo, la start-up valenciana NBN23 ha sido clave en mi último proyecto gracias a su tecnología; sin sus sensores de posicionamiento diseñados para deportistas, tendría que haber pivotado a otra idea. También quería agradecer la confianza a dos profesoras que tuve en la carrera: Gloria Haro y Coloma Ballester, que en ningún momento pensaron que mis ideas fueron descabelladas, y me motivaron a seguir con estas. Sin ir más lejos, contando con el apoyo de Gloria y Coloma, he recibido una beca para hacer el doctorado bajo su supervisión, y será una gozada.

Finalmente, como ya he comentado antes, mis proyectos no hubieran tenido proyección internacional (y probablemente no estaría haciendo está entrevista) si no hubiera participado en la feria de Exporecerca Jove en 2011. Esta feria de investigación está organizada por Magma, una asociación sin ánimo de lucro formada por jóvenes que quieren promover los proyectos de otros jóvenes, lo cual me parece una iniciativa fantástica.

8. ¿Cuál crees que es el secreto de tu éxito?

 

No sé si se puede definir como “éxito”, pero en cualquier caso, a parte de la reflexión y el trabajo, ha sido la suma de tres factores:

  1. El momentum de mis proyectos: creé una app cuando las apps eran emergentes, diseñé algoritmos de visión para ordenador cuando el Instant Replay se ponía de moda, y he hecho un modelo de inteligencia artificial cuando todo el mundo habla de Big-Data.
  2. La pasión. Estoy seguro de que hay proyectos excelentes que se quedan olvidados en discos duros, o en despachos de universidades; lo que el estudiante tiene que hacer es “salir a la calle” y enseñar el proyecto. Aunque no se tengan grandes contactos, con una buena difusión del proyecto se puede llegar lejos, y con las ferias, congresos y concursos que hay hoy en día e incluso con LinkedIn, Twitter o Blogs, ya no hay excusa.
  3. Lo poco explotado que está el campo de la tecnología y el deporte, sobretodo en Europa. Estamos en el año 2017 y aún hay entrenadores que borran los garabatos de la pizarra con la solapa de la americana, por favor…

9. ¿Cómo defines tu marca personal?

Alocadamente-selectiva, real y tangible. Mis proyectos son aplicaciones directas a situaciones en una cancha de baloncesto, el objetivo de los cuales puede entender cualquier aficionado a este deporte; en ningún caso intentaré que los jugadores jueguen con gafas de realidad virtual ni quiero que los partidos se puedan ver a 360 grados. También se me da bien descartar ideas que a priori pueden parecer buenas pero que carecen de una base científica que demuestre que el proyecto es realizable; aunque duela, muchas veces tienes que matar tu idea y adaptarte.

10. A pesar de tu experiencia profesional, eres un joven talento. ¿Qué opinas de la ‘Nueva Generación? ¿Qué opinas de la corriente emprendedora que esta surgiendo actualmente?

La “Nueva Generación” saldrá preparadísima, porque tenemos a nuestro alcance todas las herramientas que deseamos… Tengo amigos economistas que han aprendido a programar en Python, ¡y lo hacen casi mejor que yo! Todo el mundo puede saber de todo, y puede cada vez sea menos necesario tener una titulación. Por no hablar de la siguiente generación, que ya en primaria han tenido la ocasión de programar mini-robots con lenguajes sencillos como Scratch, con los que se aprende a la velocidad de la luz. Lo que en medio de tanta tecnología puede que falta, es capacidad crítica.

La corriente emprendedora es fantástica; de hecho, me encantaría formar parte de esta, pero implicaría preocuparme por muchas más cosas que la investigación. De hecho, para probarme a mi mismo, y saber si tenía este ADN Emprendedor estuve en el programa Yuzz en la Universidad Pompeu Fabra. La verdad es que había ideas y personas de muchísimo talento, desde negocios milimetrados de gafas hasta portales de arte pasando por apps de mucho recorrido. Aunque admiro cómo de enamorados están todos ellos de su start-up, considero que mi caso es distinto, porque yo me enamoro más de la idea y la matemática detrás de un proyecto.

11. Defínete en una sola palabra

Curioso.

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